Dado que nuestro organismo no puede producir ácidos grasos omega-3 por sí mismo, dependemos de la ingesta dietética. Si alimentos como el pescado, los frutos secos u otras fuentes de omega-3 no suelen estar en su menú, tenemos la alternativa perfecta.
La Directiva sobre Declaraciones de Propiedades Saludables de la Unión Europea atribuye a los ácidos grasos esenciales omega-3 influencias positivas en el mantenimiento de niveles normales de colesterol sanguíneo y el apoyo a una función cardiaca normal.
El aceite puro de pescado de mar contiene los ácidos grasos poliinsaturados EPA (ácido eicosapentaenoico) y DHA (ácido docosahexaenoico). Cada cápsula contiene 750 mg de omega 3 con 400 mg de EPA y 300 mg de DHA.
Se ha demostrado que tiene efectos positivos sobre el corazón, el cerebro y la vista. Forma natural de triglicéridos: hasta un 70% más biodisponible que los productos comparables en forma de ésteres etílicos artificiales.
